jueves, 22 de noviembre de 2012

El tópico de la resistencia al cambio


Si hay una frase repetida hasta la saciedad es que las personas se resisten al cambio. Sin embargo disiento de este tópico aparentemente irrefutable ¿conoces a alguna persona que haya obtenido un importante premio en una lotería y que lo haya rechazado por el miedo al cambio que eso implicaría en su vida? El cambio, como tal, no genera resistencia, son los elementos que lo acompañan los que provocan ese tipo de reacciones. Básicamente la incertidumbre sobre lo que el cambio me supondrá, lo que puedo ganar y lo que puedo perder.

Cuando nos situamos en el genérico de que todas las personas se resisten al cambio, nos colocamos en un terreno de impotencia ¡¡qué podemos hacer ante una ley casi divina!! Si llegamos a comprender qué mecanismos concretos acaban provocando esa resistencia abrimos la oportunidad de actuar para evitarla.

La resistencia al cambio se asienta en varios factores que cuando se presentan simultáneamente pueden convertir esa resistencia en una fuerza difícil de contrarrestar:

1. Falta de claridad respecto a los objetivos que el cambio pretende, con la consiguiente incertidumbre sobre sus consecuencias. Para quién propone los cambios estos pueden parecer claros y sus beneficios evidentes, sin embargo lo trascendente es si las demás personas que han de participar y hacer posible el cambio lo comprenden con claridad e identifican los beneficios propios que ese cambio les aporta.

2. Las personas sienten que les quieren cambiar. Lo que llamamos genéricamente como resistencia al cambio, es más bien la resistencia de otros al cambio que yo o que nosotros queremos ¿a quién de nosotros le gusta hacer un cambio que son otros quienes definen y plantean? En consecuencia, el grado de resistencia al cambio que encuentra una propuesta es una consecuencia de la forma en que ese cambio se ha definido y planteado. El compromiso de otros se logra más fácilmente cuando se sienten copartícipes, cocreadores de lo que se propone.

3. Percepción del objetivo de cambio como una amenaza. Puede que el objetivo sea claro, incluso pueden entenderse sus beneficios, pero si la persona percibe zonas oscuras en las que adivina que pueden surgir amenazas a sus intereses, manifestará conductas que interpretaremos como muestra de la resistencia al cambio.

4. Valoración de que el cambio implica perder cosas que uno valora. Frecuentemente quienes promueven los cambios concentran su atención exclusivamente en convencer de las ventajas que el cambio va a aportar. Olvidan, sin embargo, hacer explícito qué es lo que va a permanecer. En ese marco, hay personas que sienten que el cambio va a suponer la pérdida de cosas que ellos estiman esenciales.

5. Tener la percepción de que no cambiar apenas implica riesgos. ¿Para qué cambiar si siguiendo como estamos podemos seguir adelante? Todo cambio implica un esfuerzo que hemos de valorar necesario. Si el mantenerse sin cambiar no presenta consecuencias negativas aparentes, el cambio planteado encontrará mucha más resistencia que en un escenario en el que no cambiar sea vivido como una situación de consecuencias peligrosas.

En este video se presentan estas ideas de una manera sencilla y clara.